sábado, septiembre 08, 2012

Baly, cumpa de épocas...


(...)

Ya ni me acuerdo, pero recuerdo.
Memoria de viajes, buses y furgones,
De andares remotos y de truncos sueños,
De historias menores y risas mayores.
Es curioso, pero, evoco aquella voz fina,
Aquel agudo al límite en la cueca.
Recuerdo, incluso, cómo grabamos;
Como salíamos de aquellas sesiones,
Mas no como entrábamos.
De cuando en vez veo las fotos,
No mucho, porque la memoria es inquieta;
Se rebela, se distrae de lo propio,
Se ancla al pasado y vuela poco.
Pero también escucho canciones,
Y te repaso alguna vez imitando
Cubanizando a Silvio, la Silla o
Salseando a la Stefan.
De cuando en vez ejercito la memoria
Y cada amigo que parte es una herida,
Es un pedazo nuestro que se muere,
Una historia que se esfuma.
Por eso los traemos a colación,
Para ayudarnos en la ausencia o
Para saldar deudas atrasadas en la época.
Este caso cumple los dos objetivos,
Recordar buenos tiempos, lejanos tiempos,
Pagar con monedas viejas nuestras deudas,
Nuestros rencores añejos y llegar a acuerdo.
También como un ejercicio de desvirgada
Presencia.
De hacer notable que de vez en cuando
Te recordamos sinceramente y no para
La evocación amarga de un afiche.
Aunque sea una vez al año nuestra mirada
Se fija en el recuerdo de la tuya…
Y brotan las palabras, las semillas a la heredad.
Decir que hablo por lo vivido
Como la primavera habla por las flores.
Baly, amigo, haces falta en la tierra,
Cual canto en la madrugada…

Obi Wan, Septiembre 7 de 2012...

viernes, junio 22, 2012

Lluvias para el sur

Bueno, y nos quedamos en silencio… sin vitrinas ni espejos en donde mirarnos. Ni siquiera un charco de agua en donde deshojarnos o en que llorar lo impresentable. Cierta vez cantamos tanto como mil voces y tal vez esa cantidad hemos cantado. Cantos ahogados de lluvia, de ventanas, de olor a leña; voces llenas de entusiasmo y de bemoles, de anarquía y de resolución… de defensa. Mirarme en esas imágenes que traías del sur era sentir que no estaba solo; era la compañía de la adolescencia mientras aprendía del miedo o del sabotaje de algún amor prematuro. Sabía que no todo estaba perdido, era seguir caminando. Nada más. La música sonando desde aquella vieja radio junto al marco de la puerta, mientras miraba la cinta como daba vueltas entregando paisajes del sur, ahogos valdivianos de ternura, con bosques tupidos, con amargura llena de calor; de tristeza y melancolía llena de futuro; eran mis tardes plenas, al son del dibujo y el presente que me caía abrupto y tenebroso. Sonabas desde aquella radio condenada al fracaso democrático y comercial. La noventa y siete punto uno, anunciaba los conciertos, tocaba vuestras canciones, tenía ese dial una marca roja aunque nunca se cambiaba, para encontrarla. Veía los afiches hechos a pulso pegados en Barros Arana. La foto de ambos en algún poste de calle Covadonga. Nos conocíamos de antes del ochenta y cuatro, tal vez de antes de la vida. No importa. Pero, crecimos juntos, a mansalva, a hurtadillas, en el silencio de la resistencia, en el temor, en la esperanza. Sabemos que el viaje tiene que terminar, unos antes, otros después. Para unos más triste, otros viajan llenos de incertidumbre. No es sólo que te hayas adelantado en tu partida, como Víctor, sino que un pedazo de mí también viaja, tal vez contigo, tal vez al sur junto a otro pedazo de mí. A medida que pasan los años, voy perdiendo estos pedazos de historia, de canto, pedazos íntimos que van abandonando mi ser, que lo van dejando a sombra de pájaro, a esencia tardía de ahumadas flores. Mucho aprendí de vuestro canto y vuestra poesía, de aquella manera irónica de describir el día a día, del sufrir, de la población, de la lluvia que siempre es triste. Tantas veces fueron espejos de mi canto, de mis días, de mis difíciles tonos menores, de mis poemas. Era tan fácil como correr las cortinas y abrir la ventana para que entre la mañana o seguir caminando. Cuánto hemos caminado! No hay caso, pero aún nos queda la última esperanza para aferrarnos a aquella luz que hablabas en tus islas al sur. Me cuesta hilar las palabras cuando prefiero estar en silencio. Pero, me urge escribir un retazo de letras o palabras en tu memoria, cuando tú tan bien nos describías y nos ponías frente al espejo de tus canciones. Qué increíble estar en silencio!. Nos perdemos en el tumulto. ¿Vendrán otros amigos bluyines del sur a cantarnos? A Nelson Schwenke in memoriam…

domingo, febrero 26, 2012

Recordando la música...

Muchos recuerdos retornan a mi mente cada vez que escucho alguna música. La vida es como un festival de sabores, olores y sonidos. Se mezclan, retuercen, se encajan allí, en algún recóndito lugar de la carne, hurgando, haciéndose un espacio, un órgano más dentro del carrusel interno. Pasa a menudo con alguna canción de aquellas, de la infancia, aquellas que escuchaban los tíos o los abuelos, los amigos del colegio, los compañeros de cada lucha en su momento. Son como un río que atraviesa vertical la vida, como la raíz de un árbol enorme. Sí, escuchar música es hablar de mi país, de la injusticia, de la alegría, del dolor, la bronca y el desahucio moral. La música que hago propia, que me la enseñan, que la aprendo sola, desde la radio, de tu voz melodiosa, de tu playlist…
Escuchando a Manuel García, me siento tres años menor. Es como redibujar aquella época en que nos conocimos, en que bosquejamos un futuro incierto, en que planificamos lo que no resultó y lo que logramos, aquello inesperado y tierno, es lo más hermoso que jamás hubiésemos añorado o pensado. Manolito con sus canciones, me trae a la memoria aquella música de aquellos años, donde mi puerta se abría a los sonidos de la nueva trova chilena y la vieja ola española y latinoamericana. Donde mis discos ya estaban rayados y mis cassettes yacían en la ventana…
(De tanto escucharlos pensé que estábamos en un país distinto, en una socialista república de la esperanza, creía que el tiempo se había detenido en el setenta y que Allende discurseaba en alguna pobla de por ahí…)
Y me recuerdan a viejos amigos que ya no están: Juanito (me lo imagino paseando por el cementerio, por donde yo trotaba). Al final somos todos pasajeros esperando la estación final. AL Rodri y Baly, compañeros de épocas tan distintas, pero tan miserables de justicia, como el ahora…
Agradezco a la vida que me trajo a ti y a tus canciones, aunque me den pena los recuerdos. Lo vago de mis recuerdos como lo vago de mi capacidad de oler me distrae de lo correcto… Agradezco a Gabriel, que me proyecta unos años más en la enviciada manía de no envejecer. Agradezco a la música, causa y solución de la mayoría de mis problemas. Agradezco el tenerte y recordarte a la vez (aunque no te hayas ido) junto a las canciones que me mostraste y que hoy escucho mientras escribo. A mi hija que escucha las mismas canciones (y otras por supuesto).
Pero, tres años atrás (casi cuatro, ya) escuchábamos esto… y nos enamorábamos, y nos engrupíamos, y discutíamos; y creímos en lo nuestro y ahora estamos aquí… a un par de metros de distancia, formando un triángulo con nuestro hijo, el triángulo de la vida, una comunión entre el ser y el estar, entre el decir y el hacer, la praxis de los sueños.
Te amo más que hace tres años…

martes, septiembre 06, 2011

Baly, entrañable amigo:

Baly:

Hay momentos en que es preferible olvidar.
Omitir que existimos y que tal vez nunca estuvimos.
Pero, es imposible, como la tarde.
La lluvia y el viento traen remotos recuerdos,
Nos moja y despeina la experiencia.
Los años vividos y las sorpresas de turno
Afloran y rejuvenecen cada vez en vuelo,
En una foto, una añosa imagen, una canción o
Tu voz grabada en la cinta de la memoria.
Ver tendido tu cuerpo más no el tiempo
Fue triste como el desfile de sentimientos
Y el darse cuenta que siempre estuvimos solos.
Que no alcanzamos a conocernos
Ni a darnos un último abrazo.
Que la violencia de los años maltrata el afecto;
Separa el pan, la dicha y el vino.
Sé que no estás al tanto de la vida
Ni de nosotros que nos quedamos muertos.
Pero, estamos atentos a ti y a tu improvisación
Nocturna por los avatares del silencio misterioso.
Dejaste la vida más no la tierra ni el canto.
Como sabes, fuiste parte importante
De nuestra época juglar y nuestro espacio,
Cuando descubríamos las flores y el lazo amistoso
De la risa.
Éramos jóvenes, sí, niños de amor, locura y guitarra
Poniendo canciones en el desvelo del sábado,
Durmiendo en estudio,
Trasnochando segundos,
Embriagando los noventa,
Soñando un viaje.
La disciplencia y el maniático afán de los años
Separó nuestros caminos de la música y la vida.
Pero, nos encontrábamos en cada esquina,
En los rincones azules de una canción difícil,
En el infierno victorioso del “femenino” o el agudo.
Y así pasaron los años nuevos ya viejos,
Y nos encontramos en lejana distancia como el hoy.
Ya son dos años de aquella tarde lluviosa y fría
En que te vi por última vez
Frío espacio de lágrimas contenidas
Y de preguntas.
Realidad inesperada.
Dos años en que tu último hálito fue un hasta siempre
Como el vaivén de la economía en las ollas pobres.
Pudimos sobrevivir aquella imagen
De tu fiel descanso.
Pudimos sobrevivir la dictadura
Del adiós eterno.
Nos quedamos dudando en esta tierra triste,
Con todos nuestros fantasmas atormentando
El cansancio de las canas.
El granizo de la losa y el adoquín recogen la lluvia
Que viene a lavar el recuerdo.
Un nuevo día se acerca inesperado como el tumulto
De los grillos.
Alto en el jardín tu presencia se ha ganado
Un espacio en la memoria de mi andar errante.




Septiembre de 2011

martes, junio 14, 2011

Tarde en domingo

Son estos los días
En que todo lo bueno choca contra el muro.
Ni las estrellas penetran con su tristeza.
Sólo la noche me despierta, celosa.
Cuando los llantos de la tarde
Me descubren como pocos,
El día seguirá corriendo tras la vida
O un amor.
Ya las flores se marchitan,
Primaveras.
Son estos días, sí, tan oscuros
Como unos ojos
Que van dejando un precipicio
Entre mis manos.
Mala tarde en domingo
Junio como septiembre;
Año nuevo terrible.
Pasajeros sin rostro.
Tiemblan todas las rosas,
Me alardea la muerte,
Tarde en domingo temible.
Mil adioses, amigo.
No todo es malo
Ni la sombra ni la luz
Que oculta el cielo;
El llanto hermoso
De mi hijo que retoza
En los brazos de su madre
Que se amilana entre sus ojos,
Hermosa.
Son estos los días
Cuando la vida se vuelve espanto
Entre silencios, sin darnos cuenta
Vamos perdiendo
Tantas hojas de otoño,
Tanto vino dormido,
Tanta risa inexacta,
Tanta música triste,
Vemos todo silente.
Como laguna ardiente
Siento todo rebelde
Y me asusta la noche
Ya no importan las cosas.

domingo, junio 12, 2011

No, señor...

No, señor, no he cambiado.
Me he quedado atrás en la fábula del pasado.
Me he vuelto de espalda hacia la luz.
Siempre es lo mismo,
que la lucha de clases, que el imperialismo...
Me detengo y me vuelvo.
Y soy anarquista del poema,
marxista en mi habitación,
sordo en la causa,
ciego en la ciudad.
Estas son las horas del tiempo,
de la revolución de las letras.
A esta hora maldigo del alto cielo,
me desnudo, me dibujo, me pierdo.
Pero, señor, no he cambiado.
Mis ojos aún no quieren ver,
la música fluye en el living,
la guitarra se sacude el polvo,
el azul se sufre.
Deambulan ante mí las sombras,
se encogen los tumultos,
se cantan los venceremos.
La vida gira. Sabe?
pero, no en círculos
(ni en cubitos)
La vida ya empezó su música,
con sus bemoles y temblores,
con sus claves y canastos.
En el pentagrama del pueblo
recogemos las plegarias.
Y vivimos alabando,
y mintiéndonos,
dándonos de latigazos
como esclavos del poder.
Ve, señor, no he cambiado.
Me asaltan los delincuentes
de la duda y el senado.
Estoy a la espera de algo,
ya ni busco, sólo espero.
Son varios años ya en lo mismo.
Muchas primaveras,
demasiados inviernos.
Señor, no he cambiado,
en ni un ápice,
en ni una flor.
Señor, es usted, con su sorna,
el que no quiere cambiar.

martes, mayo 31, 2011

Otro tiempo...

Algo ocurrió en el tiempo. Algo, tal vez, se detuvo antes de su morada definitiva. Quizá, el tiempo deambula por entre nosotros como los árboles sobre nuestras plazas y nos acongoja la mirada. La pena se vuelve escarcha. Nos hiela y acicala el alma. Tal vez un trozo del mágico sur vuelve retóricamente a nuestros labios y nos proyecta hacia el abismo. Tal vez, la lluvia escasa nos revela secretos de ciudad contaminada y abusada. Pero, son estos días grises los que llaman la atención. Es este sol que incandescente no logra repuntar aquellos grados tibios de otroras años. Serán las noticias que nos tropiezan las noches? La farandusilandia que se ha instalado en nuestra habitación? La llave que gotea dando el pulso animoso de un corazón amoratado? Lo cierto es que los días se vuelven complejos. La noche lleva pillado al día, decían los brujos allá en Talca; mientras mi tía abuela arrimaba la chuchoca a su olla cazuelera, en aquellas nocturnas tardes de adolescencia pseudocampesina de verano. Otra cosa tan cierta como una lágrima es que los años se van achicando, se disminuye el espectro, se reforman los segundos, se acorta la vista. Nuestra mirada se pierde en la niñez y se regocija a los veinte. Más aún, se empequeñece en los treinta y ya no da más para contar. Qué decir de los cuarenta! con sus desvaríos de madrugada, con su pragmatismo canónico, con su nueva forma de ver las cosas, aunque ahora se ven cada vez menos. Un retazo del pasado se acurruca en cada canción y sonreímos. La memoria es a corto plazo y a medida de lo conveniente. Vienes con las alegrías prometidas y llegas con un soplido acongojado, pero no eres tú. Es este tiempo que a menudo se detiene a pensar y le cuesta retomar el paso. Llegas, alegría, en el mejor momento, cuando el tiempo no da la cara y se esconde en la mirada del hijo que mira incrédulo a su padre que construye el futuro a pala y carbón. Llegas, alegría, en estos tiempos de frío polar y de sol magallánico, de puestas tardías de luna, de desentierro de muertos tristes y guitarras silenciadas. Tiempo de vid y parra. Desfilan en mí los corazones de mis antepasados campesinos y calicheros, electricistas y amigos del vino y la sed, de mi abuelo que partió sin siquiera saber dónde estaba y a dónde iba, de aquella tía que negó la luz y se fue dejando a su pobla y su prole a ciegas. Mi primo partió al encuentro, chicheando su pérsonal que robó a un impostor. Son todos y ninguno que construye mi tiempo. Morirán las golondrinas y los abuelos, las fiuras y los tíos, los corceles y mis padres. Quedarás, hija, y tú, hijo, a merced de este tiempo y de mi sonrisa viajera hasta que desaparezca de mi boca mínima. Hasta que deje de contar los días tristes del invierno y de los veranos tardíos de alerces y avellanos, de los socialistas revolucionarios que nunca fuimos y de los comunistas anarquistas que añoramos ser. Hijo, descansa en tu sueño tibio de tu mimbre moisés, que tu padre deambula otra vez en el tiempo que ni siquiera es el suyo y en la noche que le han quitado para soñar utopías...

jueves, septiembre 23, 2010

Sonetos de arcilla

El centro de tu vientre escarbaré
buscando aquel llanto peregrino.
Son tantos sentimientos navegados,
amores que son flores de la tarde.

Tu rostro repartido en mi jardín
tendrá palabras y agua verdaderas;
serán como el crisol de la montaña
piedra, viento, pedernales del silencio.

En ti va cantando y floreciendo,
como lluvia en los alerces del otoño,
como un grito de amor de ruiseñores.

-----------°------------

Vendrás, serás el hijo de la vida,
un silencio tejido en mis telares.
Por eso tu pureza viajará,
se irá envuelto en nubes por el cielo.

Te sueño, semillero clandestino;
fulgor, herida turbia de la noche.
Volarás como el murmullo de los ríos
galopando en una pluma aventurera.

Siento aquella lucha como mía.
Corazones asonando en un desierto;
aunque sin aire y luz, pero viviendo.

viernes, septiembre 17, 2010

Pewma

Amanece.
La luz del Sol se asoma raudamente por la cima del cerro.
Entra a la habitación como tantas veces, en puntillas.
Pero, hoy es distinto.
Es muy temprano y festejo.
Y no festejo estos doscientos años de mentira republicana.
Celebro con este calor que comienza a gestarse.
Aclamo con un corazón compartido y con la dicha de la vida.
Quizá tantas veces pensé en una revolución que no llega,
en el despertar de las minorías y en el alzamiento de los pobres.
Sin embargo, una nueva revolución llega a mí,
Un canto que ahoga un grito y que viaja a la par
con la copla que germina en Valdivia.

Tal vez, otra flecha que se escapó de mi arco hacia el futuro,
Como cantaba el poeta rancagüino.
Tal vez, un soneto de madera habría que tallar
En el tronco de Natalia.
O quizás, sea tan sólo un ave que nos señala que ya estamos en
tierra firme y que dejemos de navegar;
que alojemos en este maravilloso puerto
y que llevemos a cabo nuestra propia insurrección.
O redención.

Qué importan los pequeños problemas!
Aquellos que nos traen el mercantilismo y la “vida moderna”.
Son problemas humanos que debemos resolver de esa forma.
Lo de hoy no es un problema, tampoco una bendición.
Es algo más propio y terrenal.
Tiene frescor de campo y aroma de lago matutino.
No es divino. No es un regalo.
Es nuestro porque el amor es un camino que de repente aparece.
Es un fruto de este andar por la vida.
Es nuestro porque es nuestro sueño.

Aquí deambulan, Nala y Pangui.
Son como nosotros.
Imágenes nuestras proyectadas en el amor a la naturaleza,
a los árboles y las flores, al río y a la montaña.
Cariños que crecen bajo nuestra tutela y
Pedacitos de amor en este amor floreciente
que resplandece en este hogar al sur de Santiago.

Doscientos años. Puaj!
Me quedo con estos pequeños días o semanas
Que comienzan a abultar la pancita cristalina
De Natalia y que no tienen nada que ver
ni con la independencia ni con O´Higgins.
Son de la mapu y del reflejo del volcán sobre el lago.
Puede ser una araucaria majestuosa o
una flecha que traza un camino.
Un rocío de la mañana o un mazo vencedor.
Qué importa!
Importa que sea nuestro y de la tierra.

El Sol me sigue confinando a un rincón de este lugar.
Duermen las mujeres de la tribu y yo escribo.
Chillan los animales y trinan los pájaros.
Otra mañana!
Pero, ésta no es igual, fue como ayer.
Pero, no como la anterior.
El cielo está teñido de azul.
Están echados los dados.
La mañana despertó.
Se oyen los despertares vecinos.
El condimento del futuro, la sal del mediodía
se va a chupar un dedo
y quizás apunte el medio al sistema y el índice al camino.
Tal vez empuñe su mano y alce el brazo.
Justicia!
Tal vez le dé al tambor o al pincel.
Qué importa!
Eso es parte del futuro. Pensemos el presente.
Ahora bailo con el Sol que ya entró en toda la casa.
No vaya a secar mis ojos lluviosos de alegría.

miércoles, junio 02, 2010

Sismografía de la Educación

…Arreglando una puerta… temblor… Mientras martillo y reparo pequeños detalles se me viene la vida a la cabeza (al menos no el cielo). Sin pudor desfilan imágenes de muchos lados. Del pasado, mucho del presente y bastante proyección, también. Trato de concentrarme, pero no me es fácil. Que la escuela, que el trabajo, que los niños de Chile… que las diferentes formas de mirar el arte de la educación, entre el profesorado, los directivos, los docentes y las autoridades del Ministerio. Nunca uno está contento realmente. La felicidad se compone de muchos elementos.
Pasó lo del terremoto. Es decir, el temblor, los 8.8 en sí. Aún queda mucho por armar y reconstruir. Pero las grietas de los muros de mi escuela, se asemejan a las grietas del sistema en general. A diario vemos como se va perdiendo la esencia de educar y va ganando espacio la instrucción de la defensa personal. Ya he hablado anteriormente de la falta de espacio físico que tienen nuestros niños en sus hogares, que la delincuencia, la drogadicción, la televisión, etc. Estos son factores que no pesan al momento de las evaluaciones, no pesan en las esferas más altas del poder. Sólo pesan a quienes se desenvuelven aquí, es decir, sólo nos pesan a quienes estamos involucrados fehacientemente en esto. Lo triste es ver como se van perdiendo las generaciones. Como se van quedando atrás tecnológica y valóricamente y se van sumergiendo en un mundo que está en constante cambio, pero que no pueden salir a flote, porque una vez alejados de la escuela, muchas veces, no conocen un hogar mejor.
La escuela los acoge, los abriga, los alimenta, los socializa, los cuenta y les enseña. Es su hogar-familia o el concepto más cercano a eso. A fin de cuentas, la escuela se ha mantenido como un lugar importante dentro del proceso de crecimiento de los niños. Es decir, aún no concebimos la enseñanza fuera de esta estructura, porque educar es mucho más que aprender a leer y sumar. Educar engloba miles de muchos otros aspectos que se manifiestan a diario en la comunión profesor-alumno o alumno-comunidad educativa. Muchas veces se nos van los días solucionando problemas que no son precisamente de comprensión lectora ni de ecuaciones, sino que son dificultades de agresión, robo, alguna discusión valórica y de respeto u otras. Quien no ha estado nunca en un colegio, una sala de clases de básica, un recreo o una reunión de apoderados, no sabe realmente lo que allí sucede. Por eso, hay “especialistas” en muchas áreas participando de la educación y no en su área específica; teóricos fabulosos en sus teorías de la enseñanza-aprendizaje creando programas de estudio y adecuando a su antojo lo que nuestros hijos debieran aprender. Por eso está aquella innecesaria necesidad de que otros profesionales no pedagógicos realicen clases y hagan pedagogía a los niños. Debe haber otras ideas coyunturales tras esto o el pensamiento sistémico es seguir improvisando con lo que no se improvisa.
Ni hablar de las evaluaciones. Si hablamos de la heterogeneidad de los alumnos de un curso y de buscar mecanismos e instrumentos de evaluación acordes a cada uno de ellos ¿por qué no hacer lo mismo para evaluar la heterogeneidad de los colegios de Chile? Todos los resultados apuntan a afianzar la “calidad de los colegios privados”. Nos querrán decir que hay que privatizar todo. Obviamente los instrumentos evaluativos apuntan hacia lo que ellos quieren y lo están logrando. Si hiciéramos un Simce acerca de la honradez, la solidaridad, la calidad humana u otros valores, ¿seguirían punteando los rankings los colegios privados?
Debemos buscar el consenso como país acerca de lo que se necesita en cada establecimiento, obviamente buenos resultados y que los niños aprendan. No podemos instalar un Instituto del Cáncer en un lugar donde la gente se enferma de sida. No podemos exigir a un hospital que mejore a sus pacientes cuando se están muriendo en el baño por falta de espacio y cobertura. No concibo el Nido de Águilas en una población así como a una escuela humilde en Lo Curro. Las diferencias ya están dadas desde hace siglos, las entrega el sistema salvaje en que vivimos y las sigue ampliando. Hagamos de esas diferencias un aprendizaje y llevemos las necesidades donde corresponda: recursos donde no los hay, humanidad donde se perdió, cordura a los ministerios, honradez a las corporaciones y Dem o Dae, bienestar a los niños, república popular al gobierno. Eso es la democracia de los valores materiales o materiales valóricos y la oligarquía de la tortilla que se da vuelta.


Letrot, 31 de mayo de 2010.

lunes, mayo 10, 2010

Blackout

Corte general. Cierre de transmisiones. Nos fuimos a la mierda...

De un tiempo a esta parte me canso y me irrito, me desdoblo y ya no sé quien soy; ni por donde camino ni cuanto aguantaré ni donde quiero llegar. Y escribo. Escribo sobre el trabajo, algo para la universidad, algún esbozo de canción o un poema épicamente perverso. Escribo contra la magia y la marea. Contra los dardos y los bonos. Contra los contras que están tras toda esta masa de corruptibilidad que ha traído el aire de estos nuevos tiempos de la estrella rara esa. Y se me pierde la mirada hacia atrás, como dicen. Y se me pierde y ya no la encuentro para mirar hacia el presente, menos hacia el futuro nebuloso que nos espera a pocos años. Estamos perdidos, escapados hacia el retroceso y la indiferencia de algunos que se creen con el mango, aunque a veces nos fríen sin más ni más. Veo como se agiganta la mano negra que nos azotará y que nos ocultará durante largos períodos.
Ya la historia se está escribiendo de mala manera, con mentiras y a mansalva, por manos sediciosas y deseosas de dinero y ambición. Lo vemos en todos los ámbitos, en el entorno inmediato, a pocas cuadras a la redonda.
Nos vigilan, quieren controlarnos, desean abonarnos a su bando para militarizar aún más lo inevitable. No quieren aprender del pasado. No queremos aprender del pasado. Y caemos. Nos sumimos en estrechas conversaciones sin fin. Tratamos de arreglarnos el pelo y lo echamos todo a la deriva, como un naufragio, como arena del cielo. Nos están quitando lo nuestro bajo nuestra atenta mirada. Observamos sigilosamente sus pasos, pero no hacemos nada. Y pasan los días y las semanas y nos vamos pudriendo. Nos secamos al frío sol del invierno y observamos como caen las hojas, como si fueran nuestros pensamientos o nuestras ganas de luchar. Nos estamos yendo a cero, a pique. Necesitamos resetearnos mil veces y volver a empezar cada vez, como nuevos hombres de bien, como superhéroes en contra de los maleantes. Volver a empezar. De la oscuridad, renacer...

viernes, mayo 07, 2010

Salgan de mi pantano…

Érase una vez la historia de la educación chilena. En un pantano trabajaban los profesores con los profesores jefes, con los profesores directivos y con los profesores sostenedores que aún los sostenían dignamente. Su tarea: enseñar. Los niños del pantano eran muy distintos a los de ahora, eran niños. La familia a su vez, era una familia, una verdadera familia y, la escuela, un lugar más donde aprender, como en la televisión o el Play Station. De un pronto aparecieron ellos, investigando, escudriñando, tratando, intentando… nos quitaron a nuestros alumnos a nombre de problemas varios tanto de aquí como de allá. Y siguieron llegando: asistentes, técnicos computines, desasistentes desmemoriados y mediadores, psicozoológicos, desventurados y avemarías. Gente que no era del pantano. Que invadía el pantano. Debía ser un invento o un ensayo más de los ágiles de la educación, del misterio o del ministerio de educación que tan noblemente dirige un títere a nombre de un titiritero en jefe mandado por el sistema –se pensaba-. Han tratado tanto de sacar a nuestros niños adelante, que dan palos de ciego y lo único que hacen es crear mano de obra barata para el futuro y las empresas de estos titiriteros vivos, hijos de un Gepeto gringo que se esconde como dios. Pasó con los nuevos programas de estudio creados para otros pantanos de un universo paralelo, con la reforma que no reforma, cual Sename y con la jornada escolar completa con mayo que tiene a todos con hambre y sin recursos.
Y llegaron ellos, con sus cuadernos y carpetas, con sus teorías y con su desplante sereno, con su hablar intrínseco de lo que no se ve, como religiosos de una fe aún más extinta que la actual… actuando cual Jesús: que hay que integrar a los desintegrados, que los que no son de acá ahora lo son, que hay que hablar con las familias, que éste tiene unos problemas terribles, que este otro sufre por nada… Dejad que los niños vengan a nosotros… Y siguieron llegando, medianamente mediando mediante mediadores con sus teorías de “atrás sin golpes”, con sus sicopedagogías de otro orbe, con sus asistencias sociales (podrían asistencias socialistas), con sus departamentos medianamente armados en una Corporación ultrajada por ella misma a tratar con estos pseudodelincuentes en que se han convertido muchos de los alumnos del pantano, gracias al olvido de las autoridades que sólo se dedican a justificar dineros a nombre del Estado, y que gracias a sus efectos especiales culpan a los inocentes y ensalzan a los traidores.
De repente, el pantano se llenó. Niños había muy pocos, los profesores se fueron extinguiendo y han ido quedando sólo ellos. La escuela se fue muriendo porque se necesitaban resultados. El huracán Simce dejó en pie sólo aquellos colegios en que los jefes supremos tenía aportes y negocios, los privados. Y aquellos dignos resultados indignos de las escuelas injustificadamente municipalizadas eran siempre culpa de los maestros, cual hoy. Ellos ya no podían con mil alumnos dentro de la sala. Tampoco había espacio dentro del pantano, estaban todas las dependencias utilizadas por ellos. Y todos los demás del pantano, los que llegaron y los que siguen llegando, no podían enseñar a sumar, porque no era lo que les enseñaron a realizar. Ellos trabajan con los problemas y sus cabecitas o con sus cabecitas y sus recuerdos maltratados por el régimen. Los resultados fueron cada vez más deplorables, pero el cenagal estaba lleno. Mi pantano estaba lleno. Sumemos a esto la decadencia dirigencial y moral de los dirigentes y directores del pantano y de todos aquellos que ansían el poder supremo del pantano con todos sus cofres con el oro y sus títulos honoríficos para seguir escalando posiciones en la vida económica.
Mi escuela se está muriendo. Más que aquellos que han invadido el pantano, necesitamos con urgencia doctores para el alma y enfermeras para atender a los ilusos que creen que esto va a mejorar así.
Sin duda, somos los dinosaurios que prontamente se extinguirán con el asteroide Lavín-Piñera001. Cuando el pantano vuelva a las manos de quienes lo han mantenido por años, con la humildad que se merece una labor tan noble como la que realizaba la escuela Normal, quizás esto mejore.
El pantano está atestado de gente, bien por sus trabajos y familias, pero esto quiere decir que algo no marcha bien. Ni ingenieros ni calculistas en el aula, ni abogados ni rentistas, ni biólogos ni dentistas. Necesitamos un scanner a todo el sistema. Una inversión en reestructurar desde el “misterio” de educación hacia abajo y de fiscalizar el oro que se entrega a manos llenas para los alumnos que al final no reciben ni cobre, porque se va “perdiendo en el camino” cual droga incautada en el desierto de Atacama.
Las escuelas para los profesores y los profesores para sus alumnos, con entereza y armonía, con voluntad y parsimonia. Con un trabajo concienzudo y sin perder el rumbo. La crema que tiene en mi patria el sistema inoperante que hoy opera libremente mercantil, dejémoselo a los estudiosos, a los opinólogos, a los sastres y a los políticos. Y cuando ya no se pueda más, tendremos que reescribir nuestra propia historia, nuevamente, con los tintes sonoros de una revuelta.

Ronnie Pérez. San Bernardo…

(Esto es sólo ficción. Cualquier semejanza con la realidad, hablar con Walt Disney, una vez que se descongele…)

miércoles, abril 07, 2010

Mi viaje...

De un tiempo a esta parte la llovizna se me hace necesaria. Anhelo aquella libertad de gaviotas en verano. El viento me comienza a ser aún más amigable que antaño. Mis sutiles esperanzas y mis sueños de la vida tienen un norte que precisamente no es el norte. Ese punto cardinal me es extraño e indiferente. Mi norte es el sur. La lluvia y aquellos aromas de la primavera, los pastizales y las pampas, los ríos y los hielos azules de pavoroso frío, las noches estrelladas y los estrechos pasos y mares hacia un continente infinito, la araucaria de hierro y los volcanes de espuma apuntando al cielo. Todo me lleva a esos veranos de andadas. A esos viajes celestes por bosques y glaciares. A aquellas caminatas buscando el mar o un pájaro cantor perdido en la paz de la brisa maulina. No se trata de escapar de una vida, sino de mutar la transparencia y los fulgores hacia el resto de mi alocado tiempo. No en vano se acerca un año más y los tritantos van quedando muy atrás. Mirar hacia adelante con la paz del tiempo pasado. Recoger aquellos espacios de diversión y tristezas y acomodarlos en la mochila grande junto a las fotos y los abrazos. Creo que mi tiempo acá se va acabando. Me llaman otros trinos y unos bosques indómitos me esperan del otro lado de la patria. Han sido necesarias muchas partidas y muchos recovecos oscuros cenicientos para dar paso a este nuevo tiempo. Todo mi tiempo y mis fuerzas han quedado en lados inimaginables, sin embargo, no siempre han estado conmigo en la cuenta final. Han virado por rumbos de tambores y luchas humanas. Planeo un viaje. Un viaje extenso y nómade por la patria. Planeo asentar la convivencia junto a un árbol y a una escuela. Planeo a poco tiempo, a meses. Cierto pedazo de mí se aferró al sur, se trajo puentes y leñas. Se quiere llevar guitarras y barricadas. Se quiere asir a la cruz del sur, a la Patagonia, al amor...

domingo, marzo 28, 2010

Una primera palabra

Si tuviera que inventar una primera palabra, dado que la última no existe, sería Amor. De ella deberían asirse todas las relaciones humanas y las no tanto, porque hay humanos que no deberían tener ese título tan noble. Pasando por la economía y la amistad, por el trabajo y la soledad, el amor se diluye como la sal en el mar. Nunca ha habido tantas preguntas a algo y menos una sola respuesta. La forma en como nos relacionamos, como vivimos la justicia, como nos encerramos en nuestros quehaceres, como miramos el mundo y cada uno de nuestros pequeños mundos debe ser desde la perspectiva del amor. Deberíamos tomar de referencia aquella primera palabra para todas las empresas que iniciemos en la vida. Sin mirar hacia abajo ni arriba, al lado, como hermanos. Construir. Desde las clases del gremialismo y el socialismo, el amor se fortalece. Tal vez ni la mirada exacta ni la praxis de aquel vocablo se han instalado bien durante los tiempos, al menos en Chile, salvo un trienal, décadas atrás. Es difícil sentarse en el sofá a hablar de justicia o de pan, hablar de miserias y de presidentes innecesarios. Es complejo mirar hacia atrás y entender la vida. Es frío tener la vista hacia el sur mientras en el centro corre la vida. Sin embargo, me siento en el diván contigo y discutimos de la crueldad del tiempo, del paso de los años aquí y allá, de nuestros niños y de las administraciones. Y a veces parece que nos distanciamos en el presente, que ciertos años no fueron los mismos, que la noche no se hizo en todos lados, que los asesinos no estuvieron, que los sueños no existen, que el alimento fue para todos. Pero, sé que entre ambos y nuestra complicidad de vivienda y economía, entre nuestros sueños y desventuras, entre el trabajo y el cansancio, entre el estudio y el aseo, esa inicial palabra que tuve que inventar se sitúa. Sé que el amor es el motor y el resorte fundamental en nuestros actos. Creo que entendimos los mensajes y hacemos del amor carne en el trabajo, en la música, en el hogar, donde estemos. Ya la palabra está inventada, sólo falta ponerla en el primer lugar de la lista. Tú la asumes en aquel primer lugar y escurre amor hacia todos los rincones de la casa, la universidad, el colegio. Me lleno tanto de amor. Sé que la verdad podría ser una segunda palabra antecediendo a la justicia. Pero, quedémonos en el amor. Reinventemos la palabra. Para mí el amor existe y la imagen del amor es tu rostro. La fuerza del amor son tus manos. El amor en sí es tu sonrisa. Te amo desde el sillón a la habitación, desde una nube a la copa de un árbol, desde el colegio hasta el metro. Mi primera palabra eres tú.

sábado, marzo 27, 2010

Allá en el sur...

Al principio el sur se me distanciaba como la justicia. Se me disparaba a lo lejos como un pájaro travieso en busca de algún amor. Me llegaba el aroma de la leña cuando cocinaba. Sentía el susurrar de los ríos durante la ducha. Oía el mar como se golpeaba con la arena. El sur era un bosque enorme, un patio gigante donde correr sin descansar, donde esconderse sin morir. Fue en aquellos años de la adolescencia tardía, de la inmadurez innecesaria donde sucumbí bajo el cemento. Me llené de Santiago a bocanadas de humo y gases lacrimógenos. Me imbuí de soledad entre tanta gente persiguiendo lo justo. Lo más al sur que anduve entre las tinieblas fue San Bernardo, que me acoge como una flor al colibrí. Pero, Santiago, siempre me mira rencoroso y del sur sentía la brisa tibia matinal que me llamaba. Crucé puentes y ríos para llegar donde la tranquilidad me reunía. En aquel espacio me sentía libre, cálido, lleno de sonrisas. Y siempre quise quedarme. Sin embargo, la ciudad me emplazaba agraz, me traía con sus deudas humanas y con aquellos conflictos de amistad, también propios de la humanidad. Y me abrazaba oscuramente durante largos meses. Pero, sentía la brisa. Seguí viajando y corroborando que no soy de acá. Algún mal destino me trajo hasta aquí un día de abril. Algún buen augurio de primavera me llevará hacia los ríos, a las montañas. Siento que a lo lejos, en horas, está mi suerte echada. Todo lo que quise hacer y decir se ha dicho y hecho. Falta aquella mirada de mar que se pierde en el infinito, que inaugura buenos y mejores días. Mi hija ahora navega allá cerca de un río místico y a veces horroroso y siento que un pedazo de mí también viaja con ella. Ahora siento que parte de mí se encuentra jugueteando en aquel patio, en aquella chacra gigante que es el sur. Siento que llueve, escucho silbar el viento, me entumezco de frío, me sonrío de paz. Mi hija se fue al sur. Valdivia, la acoge con su historia y con su magia alemana. La veo caminar por Picarte hacia el Mercado, cruzar la Teja y llegar a la universidad. Y me veo entrando con un cigarro al Botánico, total la humedad eterna del lugar es un escudo. Siento que estoy allá. Siento el sur muy cerca, en su voz, en su alegría, en una cerveza helada que recuerda allá. Ahora que siento el sur muy cerca, creo que la justicia también debería acercarse un poco, recorrer de punta a punta la patria, pasar por las poblaciones y los penales, por los trabajadores y las empresas. Hoy es más necesaria que nunca una justicia hermosa como el sur.

martes, noviembre 17, 2009

Una antena de celular en mi sala, por favor… que estamos solos…!!!

(Artículo publicado en la revista Profedigital.cl)

Vivimos una decadencia triste de nuestros valores ciudadanos, en la cual de alguna forma todos somos responsables. Unos más que otros, por supuesto. La televisión nos recuerda a cada instante que la raza humana es una casta miope, mala y desventurada, que camina hacia el caos y la anarquía social. Sin embargo, esa misma televisión se concibió como hermanable para la educación, sin embargo, como amigo educador ya ha desaparecido. Esto es una suerte para las escuelas, ya que nunca cumplió ese papel, aunque eso nunca lo han dicho las autoridades.
Hoy hay muchas formas de comunicación, y nuestros niños y jóvenes están tanto o más al tanto que los maestros. La conectividad total se vive en las aulas: juegos electrónicos, bluetooth, celulares de última generación, cámaras de muchos megapíxeles, memorias infinitas, etc. Nos es imposible escapar de las ondas que estos aparatos emiten, así como de su alcance inmediato en la educación de los niños de hoy. Las escuelas, durante estas últimas décadas, se han transformado en El espacio que tienen los niños para compartir con sus pares de forma segura y amena, amistad que se traduce en juegos, peleas, conversaciones, intercambio de láminas, pololeo, debates tecnológicos, etc. Más que un espacio puramente educador (como parecen creer desde otra galaxia las autoridades), la escuela se ha ido abriendo para proteger y dar la seguridad que los alumnos no encuentran en sus barrios ni en sus plazas, y a veces, en sus propias casas.
¿De qué forma podemos, dentro de esta didáctica de juegos y encuentros entre pares, mejorar un puntaje como el Simce, de una trascendencia que los niños no entienden para nada y que, sin embargo, son tan importantes para el Estado?
Las políticas gubernamentales, y no sólo las de educación, sino en términos generales, han llevado a nuestra sociedad a atrincherarse en las casas, a ver las plazas y los barrios como focos de extremo peligro. Se han eliminado las canchas y los espacios de juegos, se han cerrado estadios y han construido, sobre aquellos potreros donde elevábamos volantines, villas y condominios de acceso restringido. ¿Restringido a quién? Al mundo real. Ese donde hay pobreza, abandono, soledad, tristeza, mala economía, trabajo nulo, a veces también alegría. Pasa lo mismo con las autopistas de alta velocidad, están enclaustradas entre rejas para que veloces y modernos automóviles puedan moverse muy rápido en diferentes direcciones de la ciudad evitando ver los tejados con neumáticos, los microbasurales de las poblaciones; alejando de su vista a los rotos que nunca han querido mirar y conminando al resto a deambular por las caleteras con un tag que pitea mucho y con la visión cercana de una dura realidad. Realidad que se nos muestra crudamente en los noticiarios de la televisión abierta, aquella que todos tienen acceso, viejos, adultos, jóvenes y… niños. Es difícil abstraerse de lo que está pasando en el mundo real cuando nuestros alumnos sólo piensan en un teléfono móvil, un Mp4, un notebook. Tal vez si instaláramos una antena celular en cada sala podríamos traer el mundo a los niños de una forma más amena donde ellos jugando sanamente aprendan. Y así puedan correr por los patios, jueguen a las láminas por los pasillos, pololeen furtivos en algún rincón, se encuentren con sus amigos. Después vemos cómo los escoltamos hasta el encierro de sus casas para que lleguen sanos y salvos y ya, mañana, cómo los traemos de el, a veces, infierno de sus hogares, hasta el paraíso de el colegio que los acoge y donde los profesores son su única esperanza…
Hay escuelas que tienen ciertas necesidades y no les es difícil llevar a cabo su tarea de educar. Sencillamente enseñar e instruir. Objetivo principal: puntos para el Simce. Ahí no hay niños con tantos problemas, sus familias funcionan más o menos bien, viven en barrios seguros, el papá sale todos los días a la oficina, la madre es una abnegada dueña de casa o también sale a su consultoría jurídica, la comida alcanza, etc. En otras escuelas, las necesidades cambian bastante: valores, comportamiento, orden, responsabilidad, acoger, alimentar, dar protección, educar. Pero, ahí está la sombra penosa de los resultados Simce y la amenaza de cerrar ya que no rinden en maléficos puntos. Me pregunto ¿dónde irán a para todos estos alumnos cuando se cierren estas escuelas? Al Andreé English School, al Nido de Águilas, al Instituto Nacional, al Calasanz…? Si fuese por exigir resultados positivos, tendríamos que cerrar el Congreso, los bancos, La Moneda, las fuerzas armadas, las empresas privadas y estatales, el Estado, las elecciones…
Mientras algunos roban corruptamente o se alianzan y se coluden en precios de medicamentos; por la vía del candidateo presidencial buscan negocios o un cargo rentable, nosotros tratamos de que nuestros niños sean de bien. Y les pedimos que no roben, que no garabateen, que no se golpeen, que sean buenos chilenos… Lamentablemente o para bien, ellos se enteran modernamente a través de celulares, internet, la televisión, que el mundo que nosotros queremos construir junto a ellos, no es compartido por las autoridades, porque al final cada uno se salva como puede en este mundo hostil que han creado para nosotros, ya que los maestros y nuestros educandos somos simples habitantes temporales medidos desde el Olimpo por fríos y paradójicos puntajes.

miércoles, mayo 20, 2009

Benedetti, otra luz disminuida, pero, no perdida.

Asistimos en este tiempo al debate entre la literatura y el quehacer histórico del poeta o escritor en su deber con el pueblo. La partida de Benedetti, ha traido a colación este sentir profético de que el arte debe representar el sentimiento de las personas, su sensibilidad y su pasión intrínseca, ya que es a ellos a quienes están dirigidas las palabras.
La desmoralización de la sociedad de la mano con el desorden estatista y la anarquía de los poderes fácticos, ha logrado que las artes en general estén relegadas a otro tiempo, como que asisten a su entierro. El arte muere cuando muere en el pueblo. No lo pueden matar, tan sólo en la prensa y en los editoriales. Mientras haya una persona creyendo en la belleza, existirá la poesía.
Si miramos los programas de nuestros futuros gobernantes, las artes no figuran, tampoco los colegios; sólo la economía, que sube al tambor rimbombante de aquel país del norte.
La ausencia que deja Benedetti, se suma a muchas faltas y espacios que han dejado los grandes y verdaderos próceres de latinoamérica. Lugares difíciles de llenar, imposibles. pero son hálitos de lucha, son pan de combate. La relectura de aquellas luces del pasado cercano nos asirá firmemente al presente inmediato y nos guiará en la batalla contra aquellos que se rigen por números y gráficas económicas y que han sabido ocultar la savia verdadera del mundo, el arte.
Nunca las muertes han sido en vano, cuando son muertes sentidas por la gente. El pueblo da el sitial que se merece a sus artistas. Lo supo Neruda, Huidobro, García Lorca y muchos otros que han sido el abono para el nacimiento y proliferación de la belleza de las palabras. Benedetti, lo supo también. Su paso por este mundo no fue inocuo, bien lo sabemos quienes lo leímos, lo leemos y lo leerán en el futuro...

martes, mayo 19, 2009

Pasatiempo de niño (A Mario Benedetti)

De pequeño nunca fui muy amigo de los libros. Me entretenía con las portadas y con la biografía del escritor más que con el contenido. Me encantaba sí, coleccionarlos. Tuve y tengo muchos. Sin duda, la sublime forma que tenía de enterarme que existía la poesía y otras cosas lindas, era a través del colegio, el único lugar de entonces donde se nos abrían las ventanas y las puertas para poder conocer, conocernos y huir. Esos años eran muy difíciles. En aquel tiempo, la muerte no existía (para nosotros, niños) y podíamos bañarnos en un charco como si fuera el océano.

Fui creciendo y necesité en aquel momento de transición entre la niñez y la adolescencia, una tregua para detener el tiempo y pensar dónde continuaba la senda. Conocí a Benedetti a través del romanticismo que comenzaba a aflorar en nosotros, jóvenes sensibles y subversivamente modestos. No era el tiempo de la poesía y el amor estaba pasado de moda. No había un decreto que impedía la lectura y aún quedaban muchas flores sin deshojar. Entonces, a lo lejos, percibía aquella voz que susurraba desde el exterior invitando a no desfallecer en la idea y me calmaba pensando que todo pasaría pronto. Ya la muerte rodeaba el ambiente, pero, aún para mí era sólo una palabra y corríamos a jugar al estanque del estadio Vulco, que para nosotros era como un océano.

Pronto estaba cantando con mi guitarra, si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo… y jugaba a ser grande metíendome en los líos del amor. Con la ayuda de Mario Benedetti, lograba mis conquistas y con la asistencia de mi hermano, las perdía. En el liceo tomaba mi lápiz y trazaba algunos versos en la hoja mientras mi maestro de historia nos hablaba de la virtud de ser sanbernardinos. Mi pelo crecía rápidamente y mi voz se tornaba más gruesa al igual que algunas rabias que venía acumulando como si fueran piedras del camino. Pasábamos, con mi hermano, las vacaciones en Rapel. No reservábamos del mundo sólo un rincón tranquilo, no nos llenábamos de calma. Aquel lago era para nosotros un océano y nos entristecíamos con la muerte de mis abuelos y con las muertes de los otros.

El tiempo es como un pasatiempo, desfila muy rápido y se va sin darnos cuenta. El tiempo es como la vida, no nos avisa que lleva prisa y quiere pronto terminar la carrera. Mientras la vida, el tiempo y los soldados pasaban, yo escribía, cantaba, jugaba, soñaba. Sentía ruidos afuera de mi casa, pero yo seguía inmóvil; inmutable en mi tregua juvenil, leyendo en los apagones, yendo hacia algún recuerdo que yacía imperturbable en mi memoria, una palabra.

Necesitaba definir qué iba a ser de mí para el resto del tiempo… La pedagogía llegó de la mano de la revuelta, de una guitarra y un compromiso. No quería nada más que cambiar y cambiar el mundo, aunque fuese inmenso, hostil e incontable. Nunca congelé el júbilo ni quise con desgana a pesar que el infinito se encogía peligrosamente. Aquella tregua que me dí leyendo a Benedetti, produjo eso difícil de explicar, pero que te provoca, te llama, te llena de ira y de paz; te produce pan, te inspira, te acerca a la verdad, como la que nos duele en estos largos instantes.

Hoy sabemos realmente qué es un océano, sabemos que el futuro es una fe de erratas y ya echamos a andar nuestra fábrica de nostalgias. Tenemos claridad y conciencia que la muerte comienza a ser la nuestra, porque perdimos una de las estrellas que nos guíaban el camino y sus recodos. Te perdimos, Mario, y estamos asistiendo a nuestra propia muerte. Pero, lo hacemos con solidaridad y gracia, tan sólo para gritar ¡Patria! con bronca y tristeza, a una sola voz.

viernes, mayo 15, 2009

Qué fue del amor?

A medida que pasan los momentos, las evaluaciones, los resultados, las noticias… nos podemos ir dando cuenta de lo que se espera de nosotros los maestros para la educación en este tiempo de crisis inducida.

Nuestro rol ha ido mutando desde hace algunos años y no es por que toma algún color político o baila a un ritmo dado por cualquier batuta de circo. Es porque la sociedad nos ha planteado un nuevo desafío: hacer de un poco, algo, con nada. Es fácil de entender, nos dejan al cuidado de futuras generaciones con el afán de que nada cambie (de alguna hipnótica forma logran esto). La televisión, los propios textos escolares, la radio, los medios de desinformación, son todos nuestros enemigos. Ellos echan a la basura en un segundo lo que nosotros podemos lograr en todo un ciclo de enseñanza: valores, respeto, humanidad, aprendizaje, amor.

Creo que de alguna forma las herramientas TIC,s pueden ayudar a vencer esto o, al menos, paliar en algo la propaganda adversa diaria; ya que existe “libertad” de elección de lo que se quiere ver o informar, hay millones de lecturas, otros mundos, imágenes, cultura, poesía. No sólo violencia y desamor, como nos tratan de sugestionar los poderosos a través de sus medios. Internet puede ser un gran aliado de nosotros los maestros, no hay seis canales de televisión que no sirven de nada, no está la violencia y el terror que aparece en Megavisión, no están los íconos sexuales de Infieles o Yingo, las cárceles de Mea Culpa, los 133 de los otros canales ni los diagnósticos de una muerte anunciada. Tal vez haya cosas peores, pero hay también mejores, mucho más hermosas, reconfortantes y más positivas. Es decir, hay un abanico de posibilidades, no la propuesta subliminal del acabóse que nos invade en la televisión abierta, que es la que muchos de nuestros niños están condenados a ver.

Nos han hecho creer que sólo los contenidos de ciertas áreas son importantes, un lenguaje mínimo y una sumativa rápida, un leve mirar de la naturaleza y una pérfida y malintencionada visión de la historia. Pero, dónde está la belleza de las artes? En qué quedó la importancia de la actividad física para ser mejores y más sanos? Los “genios” que crearon los programas educativos, los hicieron pensando en otra realidad, o a la rápida, porque tenían que rendir cuentas a bancos extranjeros u otros capitales. El gasto que han hecho en educación, aquel que se habla en los discursos de los 21 de mayo, en qué parte del camino se quedó, que no llegó hasta mi escuela? Da la sensación que nada puede cambiar o que hay manos negras (señores oscuros) que no quieren que nada cambie.

Pero, ahí se alza esta herramienta del internet (y algunas otras). Ahí están todas las posiciones, como ésta. Ahí están todos los colores y no sólo aquellos del arcoíris desteñido de la concertación. Ahí están todos los pensamientos y no sólo los editoriales de los Claro, los Piñera y otros dueños de medio Chile. Ahí uno puede ser libre, puede elegir. En la escuela, nuestros niños no pueden optar; estamos los maestros, los directores, la gente de arriba, de más arriba y de aún más arriba, imponiéndoles cosas a conveniencia de otros que están aún mucho más arriba, como dioses. Algunos dicen lo que los niños tienen o no que aprender (dioses). Otros juegan con los dineros que nos han sacado de los impuestos y deciden dónde van a parar los pesos (a las escuelas no, por supuesto). Otros fiscalizan, “cuidan estos dineros” (dioses menores); otros más audaces crean instrumentos como el Simce, para medir lo que nuestros alumnos no han aprendido de lo que ellos necesitan que aprendan, para “rendir cuentas” a sus dioses (dioses ejecutivos).

Nuestros niños se han transformado en puntaje. Los han transformado de la noche a la mañana en un vil puntaje. - “Cuántos puntos tienes tú, niño, para ver si estás apto para esto o para lo otro, si mereces este beneficio o no, si realmente necesitas desayuno o si mereces un almuerzo. Si tienes harto puntaje, eres mi aliado y aliado de la escuela, pero de lo contrario, no vengas a dar esa pruebita Simce, que nos jodes a todos…, porque al final todos somos un triste puntaje”.

Dónde está el amor, esa palabra mágica que nos hace superiores, que nos hace sentir y palpar que no estamos solos, que te tengo tanto como tú a mí?

Parece ser que se extravió en el tiempo. Hoy el terror y el miedo ocultan el amor, pero, el amor existe, señores! Quieren que desaparezca y lo han hecho desechable! Pero, existe, amigos!

Ese es nuestro rol ahora, recuperar el amor y darle el sitial que se merece. No debemos seguir creyendo que quieren lo mejor para nosotros, nosotros debemos saber qué es lo mejor para cada uno de nosotros y, como maestros, lo que es mejor para nuestros niños. Debemos darles a ellos las herramientas de la elección, no la imposición abismal que existe ahora. “Los medios en Chile son pluralistas”, patrañas! Nuestros alumnos no tienen elección, los maestros no tenemos elección. Tal vez nosotros estemos un tanto perdidos (aunque no del todo), pero, ellos son niños, tienen el tiempo y pueden tener las ganas de hacer que las cosas cambien. Nosotros debemos abrirles las ventanas para que sean libres, para que sueñen que otro mundo es posible, para que luchen con lo adverso hasta vencer la imposición de este sistema cruel.

Debemos lograr volver al inicio de las relaciones humanas, debemos recuperar el amor. Sólo así, no volveremos ver golpearse salvajemente a dos alumnos de primero medio en la televisión, dejaremos de mirar las balizas de la policía a cada instante. Debemos ser capaces de lograr esto y torcerle la mano a aquellos que no quieren que esto cambie, a aquellos encubiertos oscuros que se valen del caos y la incultura para hacerse de poder y dinero.

Ronnie Pérez, Profesor-Músico.

miércoles, mayo 13, 2009

Nuestro mundo

(Artículo publicado en revista profedigital el 5 de abril de 2009)

Hace un rato nada más estaba “armando” un diario mural sobre el día del libro para este 23 de abril. Digo “armando” porque era más bien una instalación visual que contenía muchos elementos, algunos de ellos interactivos y otros que podrían tomarse como hipervínculos (links a sitios web relacionados con el libro).Es muy interesante lo que pasa en estos tiempos, donde se nos recomienda desde las altas esferas de la educación, bombardear a nuestros alumnos con lenguaje y matemáticas, dejando de lado otras áreas, como las artes visuales, musicales o la tecnología, aún inclusive en un mundo donde la gráfica prácticamente ha reemplazado al texto.No es para nadie nuevo que aún estando en esta “semana del libro” o sabiendo la necesidad de la lectura, nuestros niños no lean. Hay que obligarlos. La lectura abre posibilidades de sueños, de otros mundos… de viajar o conocer sin dinero, que ya es importante. Para nosotros, gente del siglo pasado, era nuestro único medio de poder lograr esto y más. Pero ¿qué pasa con nuestros alumnos? Con sólo un clic están recorriendo en 360 grados la ciudad de Machu Picchu, con otro, están ya dentro del museo de Bellas Artes observando a Matta, en otro instante leen El Principito con imágenes en movimiento. Parece una locura.Un libro permite la imaginación, uno crea un mundo propio en torno a él. Creatividad. Belleza. Las nuevas tecnologías lo presentan ante nosotros tal cual son, la realidad y la rapidez de la información.Me encanta leer y me fascinan los libros, pero, también me gusta tener mi computador al lado y viajar… Debemos pensar y asumir que estamos en otro tiempo. Este es un nuevo desafío para los maestros. Esta era es, sin duda, la más difícil, porque cambia a cada instante, porque lo nuevo dura menos que antes, porque hay que estar actualizados casi como un antivirus o si no perdemos credibilidad y nuestros alumnos terminan mirándonos como a un celular sin bluetooth.Hay que acercar estas tecnologías a los niños con respeto y claridad, porque al final ellos igual se van a acercar a ella, tal vez con menos disciplina o una menor conciencia valórica. Presentarles esto, que ya no es nuevo, de buena forma, porque van convivir durante mucho tiempo con estas herramientas, así como nosotros lo hacemos con nuestros libros que leemos y que para ellos es casi incomprensible, porque lo creen pasado de moda.
Hoy, en la jornada de reflexión, nos hablaban de resultados, que el Simce, que cada niño es un puntaje, que el lenguaje, que las matemáticas, que bla y bla y más bla… tomé un libro y comencé a leer, a imaginar, a crear, a soñar, me dieron ganas de dibujar, de cantar a los personajes. Pensé que el texto podría tener un hipervínculo hacia algunas imágenes, paisajes o hacia algo que no entendía, pero ya ven: el mundo que nosotros los maestros pensamos es muy distinto a lo que las autoridades quieren… o necesitan.
Ronnie PérezProfesor-Músico